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por Ricardo Roa | EDITOR GENERAL ADJUNTO DE CLARIN |
Los hombres no dejan de trabajar angustiados por los requerimientos cotidianos de sus hijos. Lo hacen las mujeres. El histórico modelo masculino sigue siendo el de proveedor. Los cambios culturales y sociales no dan como para que el hombre reemplace a la mujer aun en el caso de que quisiera.
¿Es una mirada machista suponer que el rol maternal es efectivamente insustituible? Ningún padre puede ser una madre, pero probablemente los hombres podamos y debamos ser mejores padres. Lo que implica ir a trabajar, por cierto, pero también ocuparnos de la casa como hacen ellas. Es una verdad dura de digerir aún para muchos.
Como sea, el género masculino ha evolucionado en ese punto, aunque algunos están en la prehistoria. Y esa bestialidad asoma en el sitio menos pensado. El entrenador del seleccionado ucraniano de natación le pegó ante las cámaras de TV a su hija, la nadadora Kateryna Zubkova, porque su desempeño en el campeonato mundial no fue todo lo bueno que él consideraba que debió ser (Ver: Subnota perdonó a su padre y técnico).
Es una salvajada y también un símbolo emergente de muchos padres que no hacen semejante cosa, pero que viven presionando a sus hijos para que sean perfectos, evidenciando sus propias frustraciones. En realidad, la armonía se consigue exigiendo menos al otro y exigiéndose más a uno mismo. Lo cual, en el plano familiar, no es otra cosa que buscar cada día la forma más efectiva de dar afecto.