En medio de una exposición en la que defendió los resultados de su gobierno, sostuvo que “estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes” porque no llegamos “a una tasa de crecimiento de la población y de natalidad que permita la reposición”. Y agregó que “esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre” afecta al crecimiento y al sistema previsional. En otras palabras: la crisis económica es producto de que hombres y mujeres no nos reproducimos.
Semejante barbaridad no merece demasiado análisis: es falso. Sin embargo, abre una pregunta que el Gobierno se esfuerza en no responder: ¿en qué condiciones pretende que los tengamos?
Criar un hijo hoy en Argentina cuesta por lo menos $697.2681 por mes pero el ingreso promedio es de $728.0082 . Muchas personas necesitan hasta 2 o 3 trabajos para subsistir, 92,3% de los hogares registra algún tipo de deuda3 y el 12,8% de las familias no llega a pagar lo que debe4. Desde que asumió esta gestión, hay 30 mil empresas menos y más de 1,1 millones de personas están desempleadas5. La inflación acumulada de enero a julio de 2026 es de 19,3%6 y el consumo registró una caída del 3,8% interanual7.
Entonces, antes de preguntarse por qué nacen menos niños, quizás el Gobierno debería preguntarse: ¿cuánto cuesta tener un hijo en la Argentina que está construyendo? Porque un hijo no es una cifra en una proyección demográfica ni una herramienta de reposición. Es una persona que necesita y merece tiempo, vivienda, alimentación, educación, salud, cuidados y estabilidad.
La superficialidad de los argumentos del Presidente obliga a señalar lo evidente: la economía argentina está en crisis no porque las mujeres y los hombres no tienen hijos sino porque su plan económico no está generando mejoras en la vida de la gente.
Lo preocupante de las palabras del Presidente es la idea de sociedad y el rol de las mujeres que supone. Y, sobre todo, que no queda sólo en lo discursivo: ya está en marcha.
Gracias a que hemos evolucionado como sociedad, la maternidad y la paternidad pueden ser una elección y no un mandato. Sin embargo, en los últimos dos años y medio, las decisiones del Estado nacional se han entrometido en nuestras vidas y nuestras decisiones reproductivas.
El presupuesto del Programa “Desarrollo de la Salud Sexual y la Procreación Responsable”, que debe garantizar el acceso a métodos anticonceptivos y prevenir embarazos no intencionales, cayó en 2024 a mínimos históricos: un 15% de lo invertido en 2023 y a apenas un 7% de la cifra de 2021.
La cantidad de personas que pueden acceder a los anticonceptivos en el sistema público de salud pasó de más de 1,2 millones en 2024 a 63 mil proyectadas para 2026. Esto podría implicar 240 mil embarazos no intencionales adicionales, más de 112 mil abortos que podrían haberse evitado, 452 muertes maternas y 2.600 muertes neonatales8.
La fuerte reducción en la compra pública nacional de anticonceptivos en Argentina no representa una austeridad inteligente. Es, en realidad, una pérdida de inversión en el principal recurso de un país: su gente. Menos acceso a la anticoncepción implica menos oportunidades educativas, menor participación laboral de las mujeres, más pobreza y mayores costos futuros para el Estado.
Los países que hoy lideran el desarrollo entendieron que invertir en salud sexual y reproductiva no es gasto social: es política económica estratégica.
Las personas no tenemos hijos para sostener el sistema previsional ni para hacer crecer el PBI. Tenemos hijos (o no) porque es parte de nuestro deseo y de la forma en que queremos construir nuestras propias vidas.
La caída de la natalidad y los cambios demográficos plantean desafíos complejos que no son nuevos ni exclusivos de Argentina. La única certeza que tenemos es que no se resuelven obligando a las personas a tener hijos ni culpando a quienes deciden no tenerlos. No necesitamos una sociedad que obligue a las personas a tener hijos para que la economía funcione. Necesitamos una economía que funcione para que las personas puedan elegir qué vida quieren vivir.
Si el Gobierno quiere que quienes desean tener hijos puedan hacerlo, tiene que ocuparse de las condiciones que hacen posible la crianza: ingresos, empleo, vivienda, tiempo y cuidados. Eso requiere políticas públicas capaces de responder a la sociedad que efectivamente tenemos, no intentar devolvernos a una sociedad que ya no existe.
Necesitamos creatividad política para pensar una organización diferente de lo común para una sociedad que es distinta, ya hace rato.
1 INDEC (2026). Valorización mensual de la canasta de crianza de la primera infancia, la niñez y la adolescencia, Junio de 2026. Este valor se calcula tomando en cuenta la Canasta Básica Total (CBT) que mide la línea de pobreza, por lo cual es un piso mínimo.
2 INDEC (2026). Evolución de la distribución del ingreso (EPH), primer trimestre de 2026.
3 Instituto de estadísticas y tendencias sociales y económicas (2026). Nivel de Endeudamiento de los Hogares Argentinos – 4ª Edición.
4 Banco Central de la República Argentina (2026). Ratio de irregularidad. Total de familias con atrasos mayores a 90 días.
5 INDEC (2026). Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH), primer trimestre de 2026.
6 INDEC (2026). Índice de precios al consumidor (IPC). Julio 2026.
7 Confederación Argentina de la Mediana Empresa, julio 2026.
8 CEDES, ELA Y REDAAS (2026). Elaboración propia en base a información pública disponible sobre las compras del Estado Nacional y el Impact Calculator de Guttmacher Institute.